fernando blasco, argentina
Paso la tarde sin preocupaciones:
llego a casa a eso de las cuatro y media,
me lavo las manos, miro las llamadas,
me preparo el mate y alguna galleta,
me siento despacio en la mecedora
que, siempre dispuesta, me espera en la sala
-hoy La lentitud, de Milan Kundera-.
Los primeros náufragos dan por terminada
que explico a la gente que no entiende nada;
voy a comprar queso, el vino y el agua,
porque el otro día abrí la heladera:
que alarga el plazo del plazo que alarga,
mirá lo que son las cosas de la fiaca,
que siempre recorro los mismos lugares,
Padilla, Provença, Marina, y a casa
que sigue en la calle de los Enamorados
pero que hace un año se mudó una cuadra.
que a veces esquivo y otras compro hecha,
y otras me arreglo con mis papas fritas
aceitunas, queso y una o dos cervezas,
aprovecho ahora que Llius no me mira
y de postre me hago un pan con manteca.
aunque ahora han repuesto Doctor en Alaska
así que los jueves me quedo hasta tarde,
es la una y media si Fleischmann acaba
y al día siguiente no hay quien me levante.
qué te puedo contar de la noche,
tanto que no alcanzo a tocar su orilla
y me siento justo en medio de todo
este mar inmenso de seda y vacío,
parece que el mundo se me viene encima,
y cierro los míos y veo tus ojos.
Siempre es siempre, y siempre es mañana,
te dejo siempre para más adelante,
siempre buscada, amada y postergada:
lo urgente no da tiempo a lo importante.
Estás presente en todos mis desvelos
como razón de atravesar lo oscuro,
soportar la traición y el desconsuelo
y conjugar la fe en tiempo futuro.
Desolado por no tenerte cerca,
sos la clave de todas las distancias
y la medida de todas las ausencias.
Todo camino me lleva hasta tu puerta:
el verbo regresar está en tu esencia,
en tu piel, tu paisaje y tu fragancia.
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Por lobogabriel - 31 de Diciembre, 2007, 9:18, Categoría: poesia
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